miércoles, 8 de julio de 2009

ADIVINANZAS MURCIANAS (28 adivinanzas)

ADIVINANZAS MURCIANAS
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Hogaño m`he hacío unas adivinas murcianas

poique ansina m`ha vinío en ganas;

i quien esta llengua no bien comprienda

tindrá que dil a l`ascuela de aprienda.

1.
Ave empaquetá
pa ser desayuná.
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2.
Con la talla de una mora,
entre bosques y montañas,
esta ciudad ilustre, española,
en la región de Murcia se halla.
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3.
El Mediterráneo
que más enano veo.
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4.
P`allá soy,
riendo voy.
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5.
Esas cebollas son tuyas,
pueblo que no se apabulla;
así, que no las rehuyas
o te montaré la gran bulla.
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6.
Con clavijas sin ser guitarra,
el que a mí me agarra
mete mi pijo en su boca
y con los dedos me toca.
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7.
Por la Ciudad de las Maravillas
también se conoce a esta villa.
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8.
Aunque los hacía a pares,
aunque los hacía por pares,
sólo hizo uno al final,
y que se me traguen los mares
si el plural no fuera verdad.
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9.
Por el campo corre,
pateado a norre.
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10.
Es un agujero ardoroso
donde el pijo entra gozoso.
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11.
Entre dos ríos paralelos
nace la maravilla de un pueblo.
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12.
M`impiden la visión

colocándose endelante,

pero miá tú por ande

asín veo tuisco mejor.

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13.

Tié los güevos en er cocote

este árbole arto, mu altote,

que se pué ver sobr`un islote.

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14.

Nel álbor aspera

colgá en la mäera.

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15.

Er mar más chiquitujo

que Dios ar mundo trujo.

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16.

Cinco tallos tién ca una las cuatro ramas

que der tronco salen po arriba i por dembajo,

ramas que no tién ni hojas, ni punchas ni escamas

pero que se menean con tuisco ell esparpajo.

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17.

De verde m`hago amarillo,

doi hista tres cosechas all año,

soi ácedo pero no ago dingún daño.

A ver si con esta te pillo.

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18.

Se zampó en ell Infierno

i sacó a uno mu tierno.

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19.

Amarillo i dorao,

en ell árbor colgao

hista`cers-encarnao.

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20.

Las fiejas estaban drento las güertas

tuiquias anseñando las rajas,

mu colorás, rojas y`abiertas,

sin importalles, si las vean, unas pajas.

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21.

Por tóos laos lo tengo i enjamás lo veo,

pueo tocallo pero no lo tanteo,

ansí que no sé sies bonico u feo;

a toas lo trago, asegún llo creo.

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22.

M`han esenterrao, no he nacío,

d`ande m`enterraron envolvía

en cien velos cuandi era cría,

i con er más feo puesto he surtío.

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23.

Negro por aentro,

tuisco escuriá,

en er monte abierto

dentr`er peñascal.

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24.

¿Por ónde dirás que cae, por ánde,

ell edificio de tuiscos más jrande?

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25.

Cuanti más jrande i reprieta está

es cuandi no se ve ni chispa ná.

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26.

Como Ciudad de Las Maravillas

es conocida esta villa.

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27.

Soy rionda y`estoy lenjana,

i ves llena u recontejana.

***

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28.

Esta ciudad murciana,

con su rostro de bovino,

tiene caballos del vino

y una cruz que la delata.

***
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29.

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Soluciones:
1. El huevo.
2. Moratalla (Murcia).
3. El Mar Menor (Murcia).
4. El payaso.
5. Bullas (Murcia).
6. El saxofón (El pijo, en murciano, es la pala que se introduce en el horno para cocer el pan; y por extensión, es también cualquier forma terminada en punta de cualquier objeto. No se trata pues de una palabra "sucia"..., eso vino después).
7. Cehegín (Murcia).
8. Pares son un tipo de alpargatas murcianas; muy cómodas, por cierto, aunque poco elegantes.
9. El balón de fútbol. (A norre es una expresión típica murciana; en castellano sería más apropiado decir en orre.)
10. La pala del horno.
11. Cehegín (Murcia), la Ciudad de las Maravillas.
12. Las gafas.

13. El cocotero.

14. La pera.

15. El Mar Menor de Murcia.

16. Los dedos de manos y pies.

17. El limón.

18. El pijo o pala del horno.

19. El fruto del naranjero o naranjo, la naranja.

20. Los granados y sus frutos, las granadas.

21. El aire.

22. La cebolla.

23. La cueva.

24. Por los suelos.

25. La escuriá.

26. Cehegín.

27. La luna.

28. Caravaca de la Cruz.

29.

miércoles, 1 de julio de 2009

REFRANERO MURCIANO

REFRANERO MURCIANO
(Y PANOCHO)
Nota: No se trata de refranes populares, sino de creaciones personales; de mi propia cosecha, vaya.

A la holgazanería
no se le encuentra tutía.

Si vas de entrometido,
te llevarás un "metido".

Quien toma droga,
su alma amoga.

Ni el júrbol ni el fulibán,
nenguno de los dos me van.

Ya que vamos a ser pies de la mesma mesa,
hablemos, bebamos y comamos sin priesa.

El comunismo
es com`un istmo.

Si lo que plantastes jueron arcornoques,
no asperes una cosecha d`abercoques.

Si tú fuiste verdugo de la horca,
no te quejes cuando llegues a Lorca.

Galgos a su alrededor
descubren al fumador.

Por ser un jugador de bingo
me veo como un pingo.

Quien tiene al tabaco por vicio
resulta más tonto que Picio.

De un bolsillo vacío
el dinero no ha salío.

Más cobarde es el que huye
si el que le sigue se esculle
en la mierda que le fluye.

De correr como los peluses
creo que es mejor que no abuses.

Quien hace el amor sin pericia,
durante el orgasmo la picia.

Nota: Picia por pifia.

No hay naide ni denguno,
veo a todos menos a uno.

Meralla
que halla
no vaya
a dalla.

Fuma como un morciguillo
su tabaco en cigarrillo.

Se corre
a norre.

ve
la fe.

continuará...
*
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Respuesta a los comentarios:
#
Chacho, no ace sell un cencia pa darse cuenta de qu`estos renfranes no son mu güenos..., que nostán pensaos p`hacel una seta d`esas relligiosas, ná más que los he hacío pa dalle uso a-mbunas palabricas der murciano u panocho. Pero sempre se puén hacel otros nuevos, siesqu`estos no te bustan, como por-ejenpro:
"Er desprecio der que no entiende, es desimulo
de quien no es más c`un jrandísimo tonto der culo."
Creo qu`este si te v`a bustar, te quea dedicao.
Salú, i astudía, pa que sebas más.
*
***
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lunes, 15 de junio de 2009

SALTARÁN CHISPAS

SALTARÁN CHISPAS
(Popular)

Era un pueblo tan descreído y herético que casi nadie acudía a escuchar la santa misa, a confesarse o a comulgar. Y al cura se le ocurrió una treta para hacer que volvieran los feligreses a los oficios religiosos; para ello necesitaba la colaboración del sacristán, pues él solo no era suficiente para llevar la idea a cabo.
Así, que le dice al sacristán en secreto:
-Mira lo que haremos; mañana domingo, a la hora de la misa, que es de las principales, por lo que acudirá más gente que a las otras, tú te vas a meter debajo del púlpito con un cubo lleno de brasas, y cuando me oigas decir ¡saltarán chispas de Nuestro Divino Corazón!, tú le soplas fuerte al cubo para que salten chispas y todos los presentes se crean que es un milagro. Ya verás como a partir de entonces sí que vendrá mucha gente a misa y nos veremos con la iglesia y los cepillos llenos a rebosar.
Así se hace. Llega la misa, empieza, y el cura diciéndola y el sacristán a sus faldas con el cubo lleno de brasas de carbón esperando las palabras para soplar con el fuelle listo. Pero el cura, en viendo tan llena de gente la parroquia, que daba gloria verla así, se alargaba en su homilía aprovechando la ocasión.
El sacristán estaba viendo que las brasas se iban consumiendo y no podía soplar las brasas para avivarlas porque hubiesen saltado las chispas antes de tiempo, fastidiándolo todo.
-¡Chisss, chisss…, señor cura!
-Espera –le decía el cura por lo bajini.
-¡Pero señor cura…!
-¡Que esperes un poco!
Así se fue pasando el tiempo hasta que al fin el cura pronunció las palabras concertadas. Dijo en voz alta para que fuese bien oído por el sacristán:
-¡Saltarán chispas de Nuestro Divino Corazón!...
Y respondió el sacristán:
-Saltarán puntas de pijo, que se me ha apagado el tizón.

domingo, 14 de junio de 2009

ER QUINTO PINO

ER QUINTO PINO

Más tardan en llegar los viejos
cuando el destino está más lejos.
(Refrán)


Er quinto matujo surtió de la tierra poquico a poco. I poquico a poco jue-chand`ojas i tirando pa riba ribotas. Asín jue creciendo con los años hista que s`izo árbole. A pesar de qu`estaba mu lenjos, en er quinto pino; estonces allegaron los ombres i lo cortaron con un gran serrucho; namás que valía su máera pa-cer tablillas de poco fuste.

La máera d`un pino, cualquiera
la puede acer sal de higuera.

jueves, 11 de junio de 2009

EL FUGITIVO

EL FUGITIVO

Los niños que se fugan las clases serán en el futuro buenos novilleros.



El chiquillo surcaba el curso del río explorando cada laguna y cada regajo a fin de capturar, o al menos intentarlo, un pez, rana, cuchareta o galápago. Arroyo arriba, abandonados tras una junquera, zapatos, cartera y calcetines. Con los tiernos pies descalzos, recorría el moribundo riachuelo que su imaginación transformaba en grandioso océano allí donde sólo reposaba un charco incomunicado, o en espeluznante catarata donde brincaba un diminuto salto de la corriente.

Un sonoro chapulleo sobre las tersas aguas de un balsón le incita a dragar todo el fondo legamoso a la búsqueda del causante: una escurridiza ranita de verde camisa manchada de légamo.

Tumbado sobre el césped fresco de la ribera hace recuento de las inestimables piezas vivitas y coleando cobradas, que más tarde volverá, devolverá a su hábitat original. Las entresaca delicadamente del bote de hojalata que descombró de entre los restos de la última riada, para usarlo a modo de pecera: tres galápagos, de los cuales el más pequeño es ya su favorito por tener los colores del caparazón más vivos; un sinnúmero de renacuajos, varias ranitas, y un pequeño y feo sapo que se bufa al tocarlo; y algunas carpas medianas que capturó sólo sirviéndose de las manos, hurgando en sus cubiles subacuáticos. Recostado contra la mullida hierba, escucha los melodiosos trinos de los gafarrones y las caberneras que se llegan hasta la corriente del río a reparar su sed, mientras intenta remedar sus cantos con nulo éxito: sólo consigue que las canoras enmudezcan. Mira el vuelo sostenido de los apagacandiles y libélulas y caballitos del diablo; observa los descensos hasta la superfiicie del agua para capturar insectos, de un pequeño chichipán que se oculta en un zarzal ribereño; sonríe contemplando a los pececillos cómo degluten las migajas de pan que les arroja de su bocadillo para el recreo: probablemente se lo echará todo sin ni siquiera darse cuenta.

En la escuela, en aquel momento, bien podían estar pasando lista. Cuando don Antonio, el maestro, pronunciase su nombre en el repaso diario de la nómina, ninguna voz respondería: "¡Presente!"; el maestro volverá a repetir el nombre del, al parecer, sordo y mudo rapaz y luego demandará a la chiquillería dónde se encuentra el ausente. Al cabo, con la aplicación del terror amenazante surgirá la verdad.

-Se ha fugado la escuela, don Antonio -habrá de reconocer un chico pecoso y pelirrojo que se ve solo en su banco, sin pareja, y en su respuesta se incrustará el deseo cómplice de emular al infractor.

-¿¡Que se ha fugado...!? -evocará incrédulo el ayo- Muy bien; pues le pondré una falta..., y un cero..., y ya le arreglaré yo las cuentas al novillero cuando venga. Decídselo de mi parte cuando le veáis... Y ahora, poneos a hacer un dibujo de Nuestro Señor Jesucristo en la Santa Cruz... ¡Y no hagáis ruido ni habléis!

Y entrelazando sus gordezuelos dedos sobre su orondo vientre antideportivo, descabezará una siestecita en su pupitre real, haciendo honor al alias con el que los alumnos revoltosos le motejaran: el Dormijoso.

El infante continuará brincando la corriente, saturándose de naturaleza, ajeno a las iras que despierta en su educador. Y hasta es posible que se dé un chapuzón en algún estanque en honor a su craso maestro.

Pero el graso cerebro de don Antonio ya no sueña con la infancia perdida, ¡tantos los años que la dejó atrás!, sino con la aprobación de unas oposiciones, que le roban el sueño, que le permitirán abandonar el pueblo provinciano en favor de, aunque sólo sea, una capital de provincias o una ciudad comercial; tanto como en favor de sus actuales alumnos.

jueves, 4 de junio de 2009

MI ABUELO


MI ABUELO


Era mi abuelo,
Juan Ruiz Caballero,
En requiebro de damas
Siempre el primero.


Dicen que tuvo
Mujeres por ciento,
Aunque esto es posible
Que pueda ser cuento.


Todos envidiaban
Su suerte de amante,
Sin darle importancia
A que fuese un tunante.


Cuentan que era
Tan fuerte y tan alto
Que llegaba a balcones
Con tan sólo un salto.


Lindo de rostro
Y de cuerpo fornido,
Eran los dones
De este forajido.


En la villa de Cehegín,
De la provincia de Murcia,
Ejerció por largo tiempo
Con osadía y astucia


Su colocación de astas
En testuces de maridos
Y desgarros virginales
De hímenes consentidos,


Pues es un hecho conocido
Que nunca forzó dama,
Ya que todas se rendían
Al prestigio de su fama.


Fue croupier en Montecarlo,
Un jugador de primera
Que regresó a su tierra
Para laborar en la era.


Volvió y casó enseguida
Con la mujer más bella
Que halló en la ciudad:
Él su belleza le estrella.


Era Josefina García
La más guapa de la villa
Y aledaños de Cehegín,
Auténtica maravilla.


Disfrutó esta bella mujer
Un matrimonio de infierno,
La ignorante se casaba
Con un borrachín eterno.


Infidelidades y engaños,
Disputas y borracheras,
Peleas, riñas y gritos,
Besos y falsas quimeras.


Del desprecio de mi abuelo
Y la bondad de su esposa,
Salieron dos hijas y un hijo,
Cada criatura, preciosa.


Un año tenía el pequeño
Cuando, harta, la buena señora,
Marchó para otro terreno
Camino de Barcelona.


Era mi abuelo Juan
De ojuelos sonrientes,
De mayor ya pleno calvo,
Tocado por don de gentes.


Dicen que hizo el amor
En la misma noche
A madre, haya e hija,
Sin el menor reproche.

domingo, 31 de mayo de 2009

EL CUERVO Y LA GUILOPA


EL CUERVO Y LA GUILOPA

El folklore murciano es prolijo en relatos a modo de fábulas; pido perdón por la tergiversación que de esta muestra hago. Pero así me contaba esta fábula mi abuelo.

PRINCIPIANDO:

Pues eso era una vez el cuervo, que iba volando por los nublos una albada de tempranera, cuando vio a la guilopa que estaba paseándose por debajotes de él, por unos restrojos salpicados de acembuches. Hizo un picado y se acercó a saludarla. Es menester desmoñigar para el que no esté en el ajo que el cuervo y la guilopa se llevan como el chino y el jabón.
El cuervo se dio unos revoleteos y fue a pararse sobre una rama de olivera; y mientras que esperaba a que se aproximase la guilopa, se entretuvo dándose afilones en el pico contra una rama. Aguaitaba a la guilopa de reojo, con riso en sus ojillos picarones. La guilopa se detuvo debajo del árbol al ver al cuervo, que abriendo mucho el pico y dándose con un ala en él, bostezó, diciendo después, dice:
-¡Güenos cías nus dé Dios, comáere guilopa!
A lo cual respondió la astuta guilopa asina:
-Güenos eran, compaire cuelvo.
El cuervo, que no tenía ni una pluma de tontascas, comprendió endeseguida la indirecta tan derecha. Diciendo, dice:
-¡Noes pa ponerse asín, comáere...! ¡Y yo que viniá pa envitalla a que se viniera conmigo pa jalarnus una sartená gachasmigas que tavía tién que estar calenticas!... Ara, que como está visto y comprobao que no queréis na conmigo, pos me vi`a dir yo solido a zamparmelas... ¡Dicaluego, comáere!
La guilopa, que no quería desaprovechar dinguna oportunidad de zampar de gratis a despensas de los demás, como siempre, dijo con dejo suplicoso, dice:
-Discúlposté mis palabros denantes, compaire cuelvo, una nostá en lo que dice; y`indíqueme cuantiantes er caminico las jachas, que sus nos fan a infriar como no sus nos cemos priesa.
A lo que dijo el cuervo, dice:
-Astonces véngase a mi zaga, comáere -y aleó, para emprender el vuelo. La guilopa lo seguía meando el rabo y relamiéndose los morros por adelantado.
A luego, viendo cómo el cuervo bajaba, supuso que ya habían llegado adonde iban. Entonces se echó una correntilla para comencipiar a jamar cuanto antes, pues el azagón le había dado gazufa y el burrucho le estaba tirando retortijones de muerte.
Cuando llegó la guilopa, el cuervo la estaba esperando subido encima de un risco sin haber probado todavía las gachasmigas. La guilopa se dio un suspiro para sus adentros y se dijo para sí misma: "Menos mal que es más tonto que un cerrojo".
El cuervo, señalando un bote de hojalata con la collera muy estrecha, le dijo invitando la primera a la guilopa, dice:
-Ai está lo prometío, comáere. Amos ar nigocio cuantiantes que no hay naide ar que tengamos que asperar.
La guilopa torció los ojos de mala moda viendo de adónde tenía que jalar las gachasmigas. El cuervo dio un revuelo y se zampó encima del bote, coló el pico en él, y venga a zampar gachas cada vez que lo sacaba.
La guilopa se acercó también, pero por más que intentó introducir la cabeza en el bote, no pudo. Probó no obstante con la lengua; sin embargo, ni así llegaba a pillar nada. Así que no pudo hacer otra cosa que lamer el bote por el alrededor y recoger la miaja de gachas que se le caían al cuervo, mientras pensaba que aquel pajarraco tenía aun el ánima más negra que sus propias plumas. Y el cuervo, como que no se daba cuenta de nada.

COMEDIANDO:

Cuando dio remate el cuervo con todas las gachasmigas, se volvió para la guilopa relamiéndose el rojo pico de picaruelo con la lengua, diciéndole, dice:
-Estaban güenas, ¡eh, comáere! -como si no se hubiese dado ni chispa de cuenta de que aquella ni tan siquiera las había catado.
Y la guilopa dijo para disimular, dice:
-Muncho güenas, compaire... -golpeándose la bartola vacía como si se hubiera hinchado de tanto zampar-; Y por eso, aguá yo tamién quió sus envitaros con unas jachasmigas paniceras que me han salío más juenas que er pan de carrasca, pa corriesponder a güestra amable convidá.
Y dijo el cuervo, dice:
-Pos por mí que no quede -encogiéndose de alas.
Y resuelve la guilopa así:
-Pos estonces siguirme, compaire cuelvo -y echó a todo meter para lo alto de la copa de un alterón. La guilopa corría contenta porque le iba a devolver la broma al cutimanero del cuervo.
Cuando fueron llegados y el cuervo divisó de adónde tenía que recoger las gachas, retorció los ojos todavía más que la guilopa; pues la gachasmiga estaba todo esturrida por encima de una losa muy grande en lo más altotes del poyo.
Y contenta dijo la guilopa, dice:
-Aquí están las jachas, compaire. Amos a por ellas cuantiantes, no vá a ser que paesca anguno de estraperlo y se reganche con nusotros sin haber sío convidado, y nus deje sin condumio denguno encima.
Asina, mientras que el cuervo se hacía pedazos el pico, sin poder llevarse un cacho de miga para adentro, nada más que dándole picotazos al pedrusco, la guilopa se dio un par de corridas con la lengua a rastras y dejó la losa de gachas migadas más limpia que una patena en menos que se tarda en decir caliche. A lo que se volvió rustiendo a dos carrillos para el cuervo diciéndole con picardía, dice:
-Po éstas tampoco estaban malas, ¡eh, compaire!
A lo que el cuervo dijo, dando la razón para disimular, dice:
-Y que lo diga osté, comáere: ¡estaban mu requegüenas!
Y agrega contenta la guilopa:
-M`alegro que l`hayan bustao.
Y la guilopa se echó sobre el risco para hacer la digestión, el morro entre las patas para que el cuervo no la viera reírse.
El cuervo, que estaba de malauva porque la guilopona aquella le había devuelto la gracia, escarcuñó por su oscura sesera una malaidea, y soltó cuando la tuvo pillada:
-Qué le paice, comáere, si nus zamos una güelta por los cielos nusotros dos -le propuso lisa y llanamente.
Ésta levantó la cabeza con pereza, y reparó en una dificultad muy dificultosa que pensaba que el cuervo no había tenido en cuenta:
-Eso no pué ser, compaire, poique yo no puó golar.
Pero el cuervo le replica:
-Eso noes pobrema, comáere mía, que ya la llevo yo cima d`un ala.
Y, asín, la guilopa se puso a ver con buen gusto la idea de subir a los Cielos, sin darse ni cuenta de que no era más que una chancha marrancha del cutimañero del cuervo, que quería vengarse por la burla de las gachas.
Y a luego, a luego, dice:
-Sí que me bustaría a mí subil allí ribotas, ande enjamás de los jamases h`estao, pa poder vel a toos los santos...
Y el cuervo, risueño, dice, dijo:
-Pos no s`hable más dell asunto y amonte.
Recelosa la guilopa dice, dijo:
-¡Pero ten muncho cudiao... no vaya a cäerme!
Y el cuervo, riéndose para sus adentros le dice, le dijo:
-No se precupe, comáere zorra, que no se caerá osté por un mal descudio mío.

RETAMANDO:

Y así, la guilopa se subió en el ala zocata del cuervo, y éste tomó una miaja de carrerilla por cima la losa para poder remontar el vuelo con el peso extra de la guilopa montada a coscaletas en la espalda del cuervo.
Se fueron yendo para arriba, para arriba, despacio, despacio, y ya que estaban muy altotes, le dice el cuervo a la guilopa, dijo:
-Comáere, ¿ves la Tierra?
Y la guilopa responde:
-Sí que si que la veo: jrande, jrande como una era `trillar.
Y el cuervo para arriba, para arriba...
Y al rato le pregunta otra vez a la guilopa:
-Comáere, ¿ves tuiscovía la Tierra?
Y dijo la guilopa, dice:
-Sí... Ara pequeñica, pequeñica como una bola cegote.
Y el cuervo para arriba... para arriba...
Y al rato vuelta a decirle, dice:
-Comáere, ¿ves la Tierra entavía?
A lo que dijo la guilopa, dice:
-No, ya sí que no se ve naisca.
Entonces el cuervo se paró en el aire.
-¿Es que ya habemos llegao al Cielo, compaire cuelvo? -preguntó la guilopa al cuervo con la voz pirpirotosa de canguelo.
Y dice el cuervo, dijo:
-No, que es que m`he parao pa que te mües d`ala, que ésta ya me duele muncho de tanto tiempo de cargar contigo.
Y cuando la guilopa se estaba trasladando a la otra ala, va el cuervo y menea las alas para un lado y la guilopa se cayó para abajo dando vueltas por los aires.
Y mientras que iba cayendo la guilopa chillaba así... todo lo más fuerte que podía:

-"¡Mujeres, pastores!,
poner sábenas y cobertores,
que baja la Virgen de Los Zolores..."

Al oír aquello, los huertanos que vivían por allí debajo, pusieron todas las sábanas y todos los cobertores y todos los tendidos que tenían en las barracas en una garbera muy grande, una montonada, porque como no se veía bien lo que estaba cayendo de los aires se lo habían creído y querían salvar a la Virgen Santa.
Y cuando la guilopa, que no paraba de dar chisclidos sin darse resuello cayó en blandito encima de toda la parvada de ropa, una pastora que la ve dijo, dice:
-¡Anda, pos siés la lairona que me robó las jallinas la otra escurecía!
Y la guilopa tuvo que salir huyendo de allí, abrujada y con el rabo entre las patas, perseguida por los huertanos y los pastores y todas las mujeres, que iban detrás deslomándola a palos.
Muy luego, se vieron de nuevo la guilopa y el cuervo. El cuervo andaba subido adonde no llegaran los corcovos de la guilopa, sacándole burla diciendo, dice:
Comáere, ¿no quiosté que`hagamos un viajeciquio par Cielo, pa vel a los santos a los que les tiene usté tanta devoción?...
A lo que decía la guilopa, dice:
-No, belitre, que ya he tenío bantante con vel a los santos de palo, avilucho -tirándole tarascadas al aire, sin poder coger al cuervo aunque sólo fuera por la cola.
Y colorin colorado, este cuento se ha rematado.

José Ruiz DelAmor
Murcia, 1979